mastered by Hugo Westerdahl mixed by Hugo Westerdahl music by Begoña Olavide music by Carlos Paniagua music by David Mayoral music by Eduardo Paniagua music by El Arbi Sergini music by Hasan Ajyar music by Jamal Eddine Ben Allal music by Larbi Akrim music by Luis Delgado music by Omar Metioui music by Rosa Olivade music by Said Belcadi music by Thomas Bienabe producer Eduardo Paniagua Con el sonido del agua de las fuentes, albercas y acequias de los Palacios de la Alhambra, el Partal y el Generalife de Granada. La música, en lenguaje simbólico, filtrada por los cuatro elementos: fuego, agua, aire y tierra, resuena en la naturaleza y configura la cultura y la espiritualidad del ser humano. A través de los elementos la música da lugar a las pasiones y los sentimientos. La música sucede y se transmite en el aire, pero el agua es su imagen de fluidez. El agua es un elemento melancólico, por eso la música del agua emociona hasta hacernos llorar, y el agua llora con todos. Cuando el corazón está triste, toda el agua del mundo se transforma en lágrimas.
En la música la referencia a los elementos naturales tiene una inmediatez vital. La música de agua evoca arroyos, ríos, lluvia y mares; vientos rozando las rocas y los árboles, y los sonidos animales como el caminar rítmico de las aves. El hombre primitivo inventó instrumentos musicales para poder imitar esos sonidos.
La música, arte inmaterial, se encuentra paradójicamente con la arquitectura, arte de la materia, tierra y piedra. La arquitectura y música árabes se unen en la pluralidad de sus significados y en la riqueza de sus contenidos. Su valor de uso: ceremonia, fiesta, danza, vehículo de sentimientos, enlaza con su valor simbólico. La música y la poesía, unidas de modo especial en la cultura árabe, surgen de la tensión entre lo sagrado y lo profano.
El agua por ser sustancia fresca y joven nos ayuda a sentirnos enérgicos. Tiene también un componente moral estimulando al hombre a la purificación mediante la aspersión y a la higiene mediante la inmersión. Sumergirse en el agua, morir en el agua, para renacer renovados. La música del agua purifica y nos permite nadar sobre su ensoñación. El agua aprende a navegar en las nubes y a nadar en el cielo. El agua musical nos invita al viaje imaginario.
Con su música, el mundo árabe ofrece mucho más que el adjetivo “decorativo”, con el que se denomina a su arte y especialmente la caligrafía. Sin la música es inimaginable la cultura y la espiritualidad islámica.